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miércoles, 7 de marzo de 2012

Władysław Szpilman


Wladyslaw Szpilman nació en 1911, estudió piano en el Warsaw Conservatory y en la Akademie der Kuenste, en Berlin , con Arthur Schnabel and Leonid Kreutzer. También estudió composición con Franz Schreker. Tenía 27 años cuando estalló la guerra y ya era conocido como uno de los pianistas polacos más destacados. Tras la ocupación alemana, Szpilman y su familia fueron desalojados de su apartamento e internados en el ghetto de Varsovia, donde se ganó la vida interpretando en bares, en los que se reunían colaboradores y traficantes del mercado negro.
Fue uno de estos colaboradores judíos quien salvó a Szpilman del tren que llevó a su familia a la muerte en los campos de concentración. Gracias a una red de conocidos de antes de la guerra, miembros de la resistencia y a la ayuda de un oficial alemán, Szpilman sobrevivió a la guerra.
Después de la guerra, la radio polaca volvió a funcionar, con grandes dificultades. Entre 1945 y 1963 fue director musical de Radio Varsovia y, posteriormente, siguió su carrera como compositor y concertista.
El pianista escribió sus memorias en 1946, pero las autoridades comunistas polacas prohibieron en libro. Fue el hijo de Szpilman, que nunca había hablado con su padre de la guerra, el que encontró el manuscrito y reeditó las memorias en 1999, que recibieron una gran aclamación internacional.

Escribió una autobiografía bajo el título Śmierć Miasta ("Muerte de una ciudad"), donde se recogen las notas y apuntes de lo que fue el ghetto de la capital polaca. Relata cómo fueron levantados los muros, como en 1942 empezaron los “reasentamientos” hacia Treblinka, donde fue trasladada la familia Szpilman, de lo que el autor se libró casualmente, aunque no volvió a tener noticias de su familia.
Estas memorias relatan cómo sobrevivió a la destrucción de la comunidad judía de Polonia. Se trata de un vivo relato de la vida del ghetto y de cómo, sorprendentemente, logró escapar y sobrevivir. La fuerza del tema y de las emociones que genera, convirtieron esta obra en una inspiración para el director de cine Roman Polanski, que llevó el libro al cine. En estas páginas se muestra el deseo irrenunciable e inextinguible de libertad.
El libro consta de tres documentos distintos. En primer lugar, el diario de Szpilman, que nos hace un recorrido por el día a día de la construcción del ghetto y los intentos de supervivencia del protagonista y su familia, con un tono de fría descripción de los hechos. El segundo reproduce extractos del diario del capitán del Ejército alemán Wilm Hosenfeld, desde enero de 1942 hasta agosto de 1944, que nos da juicios críticos sobre el totalitarismo nazi y la responsabilidad de todo su pueblo. La unidad de estos dos personajes, a través de sus diarios, sólo se conoce al final y a través de la nota explicativa de Wolf Biermann, en el epílogo.
Los horrores que se cuentan en la primera parte sólo son soportables por la sobriedad de quien y por el asombro del narrador y protagonista, sobre lo que va sucediendo. No se dan detalles, sino que parece buscarse un tono discreto, frío ante el horror difícil de imaginar.
El diario del capitán Hosenfeld, desde las primeras fases, reflexiona sobre el infierno nazi, creado por medio de una sociedad construida sin Dios, y constata dos consecuencias que nacen de esta raíz: el odio a lo diferente (los judíos) y el intento de aniquilar la libertad. Pero la conciencia y la mentalidad crítica no se queda en el pensamiento, sino que sus palabras se hacen gesto al salvar a un judío. Hosenfeld murió siete años más tarde en un campo de concentración soviético, sin que Szpilman pudiera hacer nada por salvarle.
Szpilman refiere en primera persona, con un lenguaje directo y conciso, lo que vivió en primera persona: la abyección humana, el dolor, el hambre, la enfermedad, la humillación y la muerte. Pero en el relato no hay acusaciones o venganzas, sino una simple descripción de increíble fuerza. No es un relato de buenos y malos, ni un libro sobre el ghetto de Varsovia. Aparecen las atrocidades cometidas por alemanes, lituanos y ucranianos, pero también por policías judíos y polacos.

Szpilman murió el 6 de julio de 2000, antes de que empezara el rodaje de la película basada en sus memorias.
Nocturno de Chopin nº 20
Documental sobre Szpilman
Trailer de la película "El pianista" de Roman Polanski, basada en la biografía de Władysław Szpilman

jueves, 18 de agosto de 2011

Friedrich Gulda


Pianista de origen austriaco nacido en 1930. Después de haber estudiado piano con Pazofsky y Grossmann, en 1942 se pone bajo la dirección de Bruno Seidhofer el cual por su parte había sido discípulo de Fr. Schmidt. Gulda amplia sus conocimientos musicales estudiando composición con Josef Marx. En 1944, con 14 años de edad gana el concurso internacional Ginebra.
Efectivamente, fue un ejecutante realmente talentoso que siguió creciendo, y de tal forma que en 1950 – con 20 años de edad- se presenta en el Carnegie Hall de Nueva York  con gran éxito, interpretando para el público la versión integra de las 32 sonatas de Beethoven.
 Para comienzos de los años cincuenta del siglo pasado el prestigio de Friedrich Gulda era muy grande. Sin embargo y sin desmerecer su orientación pianística, comenzó a orientarse de manera paulatina hacia la música del jazz. Este hecho llegó en ese momento a tal nivel, que fue invitado inclusive a los festivales de jazz de Newport. Creó además una Big Band  que se llamó “Eurojazz Orchestra”  y un concurso internacional de jazz en Viena. Gulda dio conciertos en los cuales hubo mezcla de música clásica con jazz.
Este pianista, al cual algunos lo juzgaban como un excéntrico, llegaba a dar conciertos en los cuales el auditorio presente no sabía que era lo que iba a escuchar: Gulda decidía prácticamente en el momento de sentarse al piano si tocaba una sonata de Mozart o alguna composición suya basado en un tema de la música “sincopada” o ambas cosas. Inclusive su excentricismo pasó a lo inimaginable: tocar a través de la televisión… completamente sin ropas. Pero se le toleraba dado que era un excelente pianista.
No debemos pensar en forma alguna que haya abandonado la música que lo llevó al estrellato, dado que llegó a efectuar estudios profundos y analíticos de las sonatas de Beethoven, recordando ello lo que Artur Schnabel había hecho varias décadas atrás.
En este aspecto, Gulda recomendaba ser muy cuidadoso con las interpretaciones de las sonatas de Beethoven. Por ejemplo destacaba que las indicaciones del genio de Bonn con respecto al uso del pedal no podían ser tomadas en cuenta en los días actuales. Ello lo fundamentaba en que en esa época recién comenzaba el uso de este recurso mecánico, y que su reverberación era inferior a los días actuales. Por lo tanto era necesario hacer las debidas diferencias en este aspecto para que el sonido no salga “sucio”. También aclaraba que no existía problema alguno en ejecutar estas sonatas de acuerdo a como fueron apareciendo, en orden cronológico. Ello se debe a que cada una de ellas  ― las 32 ― tienen su propio mundo, sus propias características. Inclusive, aclaraba Gulda, Beethoven le quiso poner un nombre a cada una de estas obras. Teniendo esto en cuenta, no se puede decir que “el escuchar una sonata de Beethoven, es haber escuchado todas”. Este gran artista austriaco tuvo en muy alto concepto a este compositor  alemán. En efecto, llegó a expresar que cuanto mayor nivel tiene el pianista el que ejecuta estas sonatas, menos son las libertades que se puede tomar. La obra en cuestión debe “poseer” al intérprete y no a la inversa.
 Gulda fue además un excelente ejecutante de la música de Mozart y también creador de excelentes “cadencias” para los conciertos para piano y orquesta del genio de Salzburgo. Tuvo el privilegio de haber orientado de manera muy significativa a Martha Argerich. En ese sentido esta gran pianista expresó en cierta ocasión que llegó a admirarlo mucho, especialmente por su personalidad “un poco menos que subversiva...”.
Friedrich Gulda publicó un libro: “Worte zur Music”.
Su excentricismo llegó hasta el límite de fingir su propia muerte, envió un fax anónimo a la agencia de noticias APA anunciando que un infarto había puesto fin a su vida el 28 de marzo de 1999 en el aeropuerto de Zúrich. Al año siguiente, un infarto masivo de miocardio pondría fin a su vida, el 27 de enero de 2000, justo el día en que nació uno de sus ídolos Wolfgang Amadeus Mozart, contaba en ese momento 69 años de edad.
http://www.gulda.at/
Concierto nº 20 para piano y orquesta de Mozart K466
Aquí lo podeis ver dirigiendo la orquesta y tocando el piano a la vez, realmente prodigioso.