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jueves, 26 de diciembre de 2013

Rudolf Serkin


Pianista austriaco de origen judio, nació en Eger (República Checa) en el año 1903. En 1939 se hizo ciudadano norteamericano. Su padre, emigrante de Bielorrusia, fue cantante y tanto él como sus siete hermanos aprendieron a tocar algún instrumento. 
En cierta ocasión Rudolf Serkin expresó “ni me acuerdo cuando empecé a tocar el piano”. De inmediato se evidenció que fue un niño prodigio, con  gran talento musical, y de esta forma se le inscribió en el Conservatorio de Viena cuando apenas tenía 6 años, donde tuvo como maestro a a Richard Robert.
 Más tarde estudió composición con Joseph Marx y Arnold Schönberg.
Con tan sólo 12 años hace su debut nada menos que con la filarmónica de Viena tocando el Concierto para piano y orquesta de Félix Mendelssohn. 
En Viena conoce a Adolf Busch, 12 años mayor que él. Entre ellos se inició una amistad que durará toda la vida. El jovencito Rudolf se instala a vivir en la casa de la familia Busch. Pero en 1933 irrumpe el Nacionalsocialismo y recordemos que Serkin era judío, mientras que sus amigos no. A Busch se le prohibió tocar junto a Serkin por problemas raciales (de la misma forma que a Richard Strauss utilizar los libretos de Stefan Zweig). Hay que mencionar que el gobierno nacionalsocialista,  y teniendo en cuenta el prestigio que ya se estaba ganando Serkin, le ofrece un cargo oficial, pero con la condición que no diera conciertos en público. Pero este rechazó dicha proposición de plano; por esta causa y previendo además los horrores que luego se desencadenarían tanto en Alemania como en su país de origen, se une a su amigo con su familia y se refugian en Suiza. Hay que destacar que desde niño, Rudolf vivió en carne propia la discriminación dado que en el pequeño pueblo en donde se le vio nacer habían locales en las cuales sendos carteles lucían la siguiente inscripción: “prohibida la entrada de judíos, checos y perros”.

En esa misma fecha el joven Rudolf Serkin, ya con 20 años de edad, se presenta en los Estados Unidos bajo la batuta de un director sumamente exigente: Arturo Toscanini. Este le tomó mucho aprecio, tanto por su personalidad como también en el aspecto artístico; lo tuvo bajo su batuta entre 1934 y 1936. 
En 1935, Serkin se casa con Irene, la hija primogénita de su amigo. 
En 1939 queda a vivir definitivamente en Estados Unidos, adoptando también su nacionalidad. En ese mismo año comienza enseñar en el Curtis Institute de la ciudad de Filadelfia, para convertirse luego en su director hasta el año 1977. A principios de los años cincuenta, junto a su amigo y suegro fundan el Festival de Música de Malboro en Vermont.
Rudolf Serkin ha sido considerado como uno de los mejores pianistas del siglo XX. En un principio hizo lo que la mayoría de sus colegas, es decir, tocar prácticamente todo, tanto los clásicos como los románticos, pero a medida que fue pasando el tiempo se fue concentrando en aquellos compositores que más se avenían a su temperamento: Bach, Beethoven y Schubert. Teniendo en cuenta a Beethoven, con el paso de los años hizo de su Hammerklavier (sonata Nº 29) el centro de sus interpretaciones ante el público. El enfoque interpretativo de este  pianista, de técnica magnífica, era sincero, austero, pero de enorme expresividad, manteniendo su vigencia técnico – interpretativa hasta prácticamente cerca de su fallecimiento, el cual sucedió en Vermont (Estados Unidos) en el año 1991, cuando contaba con 88 años de edad. 
Concierto nº 5 para piano y orquesta de Beethoven
Concierto nº 21 en Do mayor para piano y orquesta de Mozart
Sonata nº 31 en La mayor de Beethoven
Concierto nº 4 para piano y orquesta de Beethoven
 Marcha en Sol mayor a 4 manos de Schubert, tocando con su hijo Peter Serkin

domingo, 12 de febrero de 2012

Claudio Arrau

Claudio Arrau nació en Chillán, Chile, el 7 de febrero de 1903, era hijo de don Carlos Arrau y de doña Lucrecia León. Su madre fue su primera maestra. Con sólo tres años y medio, Claudio tocaba pequeñas obras de Mozart y aprendía a leer música antes que a leer y escribir. A los cinco años ofreció su primer recital en el Teatro Municipal de su ciudad natal.
El pequeño Claudio asimilaba conocimientos musicales con una facilidad y rapidez extraordinarias. Su capacidad para leer música y comprenderla de inmediato, provocaba el asombro en los profesionales de la música. Su madre lo llevó en 1911 a Santiago, donde visitaron al Presidente de la República y a miembros del Congreso, ante los cuales Claudio exhibió sus admirables dotes. En 1910 le fue entregada una asignación económica del Gobierno de Chile para financiar sus estudios a Alemania.
En Alemania la pianista chilena Rosita Renard, puso a Arrau en contacto con el renombrado maestro Martin Krause, discípulo directo de Franz Liszt, quien, a su vez, fuera discípulo de Carl Czerny, alumno del propio Ludwig van Beethoven. Después de escucharlo el maestro Krause le dijo a doña Lucrecia: "Este niño será mi obra maestra". Mientras estudiaba en el Conservatorio Stern, bajo la dirección de Krause, Arrau, a los once años, estaba ya imbuido en los "Estudios de Ejecución Trascendental", de Liszt. En la estricta y reservada Academia germana, el jovencito provocó el mismo revuelo que en Chile, al demostrar su sensibilidad musical y su férrea voluntad para estudiar sin concederse descanso. Al poco tiempo fue llevado a diferentes ciudades europeas, en todas las cuales sus recitales y conciertos fueron aclamados con entusiasmo. En 1918, fallece M. Krause. Arrau le profesaba profundo afecto y reconocimiento no solamente por cuanto de él aprendió de la música y del instrumento, sino, además, por la cultura general que le transmitió paralelamente.
En 1920, a los 17 años, Arrau debutó con la Filarmónica de Berlín bajo la dirección de Karl Muck. En 1921, viaja a Chile y una multitud lo recibe. Cabe destacar que a los 22 años, Arrau vuelve al Conservatorio Stern, pero ahora como Profesor.
Foto de su niñez
Durante los años siguientes, gana un premio tras otro y en 1927 llega su consagración definitiva al obtener el Gran Premio Internacional de Piano, en Ginebra. En la década del 30, viaja por todo el mundo y ofrece conciertos bajo batutas tan célebres como las de B. Walter, E. Kleiber, y W. Furtwaengler. Cumple hazañas tales como tocar, en Berlín, toda la música de J.S. Bach para el teclado en doce sesiones; las Sonatas de Mozart en cinco recitales, Las Sonatas de Schubert y toda la producción pianística de Chopin. Haciendo gala de su prodigiosa memoria, ejecuta en Viena, en recitales sucesivos, los 48 Preludios y las 48 Fugas de "El Clavecín Bien Temperado" , de J.S. Bach.
En 1938, Claudio Arrau contrajo matrimonio con la mezzo-soprano Ruth Schneider, con la cual tuvo una hija, Carmen, y dos hijos: Mario y Christopher.
En 1941 Arrau se traslada a Estados Unidos. Por aquel entonces, el Maestro da un promedio de cien representaciones anuales.
En 1943, inaugura en Nueva York la "Academia Claudio Arrau" con su colaborador Rafael de Silva. Bajo su guía pasan también pianistas chilenos: Mario Miranda, Alfonso Montecinos, Edith Fischer, Galvarino Mendoza y Enna Bronstein.
Entre 1950 y 1980, Claudio Arrau es requerido por los Sellos Grabador es para grabar más de cuatrocientos discos. En el ínterin, efectúa giras por todos los continentes. Participa en el Festival de Mayo, en Praga, donde la cortina debe abrirse 28 veces porque la concurrencia no cesa de ovacionarlo.
Las alturas alcanzadas por Arrau en los terrenos de la música, son atribuibles no solamente a sus dotes naturales y al talento con el que llegó a este mundo, sino a su voluntad férrea, a su estoica disciplina, a su voracidad por el saber y a su amplísima y profunda cultura general y dedicación al estudio de la Historia y de las etapas y estilos en los que las vidas de los geniales maestros cuyas obras interpreta se desarrollaron. Arrau escudriña partituras en sus originales, examina los testimonios sobre las composiciones y analiza las referencias extramusicales.
Su manera de tocar el piano parte de un poder extraordinario de relajación muscular y de su poderosa capacidad de concentración. Arrau emplea todo el cuerpo y logra integrarlo al instrumento en una asociación que lo coloca en un plano superior al de la fatiga física. Es difícil encontrar, en toda la Historia del Arte, una carrera más extensa y rica en conquistas artísticas, así como también de reconocimientos consagratorios. Pero el prodigio de Claudio Arrau, por sobre todas las cosas, ha sido posible por su humildad inveterada e inalterable que lo mantuvo siempre alejado de cualquier forma de vanidad.
El repertorio de Arrau, muy vasto, abarcaba desde Bach hasta los autores contemporáneos, pasando por Mozart, Beethoven, Liszt, Schubert, Chopin o Debussy. Arrau no sólo fue uno de los más destacados pianistas del siglo XX, sino también uno de los últimos continuadores de una tradición interpretativa que hunde sus raíces en Franz Liszt: aquella que considera el virtuosismo técnico únicamente como un medio para servir a la música, y no como un fin en sí mismo.
Claudio Arrau León falleció en Mürzzuschlag, Austria, a los 88 años, el 9 de junio de 1991. Sus restos descansan en el Cementerio Municipal de Chillán la ciudad que lo vio nacer.
Concierto nº 5 para piano y orquesta "Emperador" de Beethoven
Concierto nº 4 para piano y orquesta de Beethoven
Sonata Waldstein de Beethoven

sábado, 28 de enero de 2012

Vladimir Horowitz

Vladimir Horowitz nació en la ciudad de Berdichev (Ucrania) en 1903. Comenzó a estudiar a los seis años con su madre. Su padre fue ingeniero electricista. A los 15 años de edad entra al conservatorio de Kiev con la finalidad de convertirse en compositor. Sin embargo hubo una gran personalidad del mundo de la música que le dio un muy acertado consejo: que se dedique de lleno al piano. La persona que dio esta importante sugerencia se dio cuenta de inmediato del enorme talento del joven Vladimir. Pero había que tomar muy en cuenta de quién venía este consejo: se trataba nada menos que de Alexander Scriabin, compositor del cual más adelante, con los años, Horowitz se convertiría en uno de sus más fieles intérpretes.
En el conservatorio estudia con Félix Blumenfeld el cual le da la verdadera formación básica. Luego de ello Horowitz nunca más tuvo maestros. Se gradúa en el conservatorio con los más altos honores luego de lo cual comienza su larga carrera como concertista. Comienza a presentarse en ciudades cercanas a Kiev y luego pasa a Moscú y Leningrado.
A este pianista ucraniano le tocó vivir en su adolescencia momentos tristes y amargos. Cuando tenía 13 años estalla la Revolución Bolchevique. Por pertenecer a una familia “burguesa” y judía su hogar fue saqueado. Vio como los “revolucionarios” tiraban su piano a la calle a través de la ventana. El mismo hizo referencia a estos problemas al manifestar que “soy un producto de la Revolución...soy un producto de la privación....” Por los años veinte del siglo pasado conoce al violinista Nathan Milstein del cual luego fue su gran amigo de toda la vida. Juntos dieron gran cantidad de conciertos por toda la nueva Unión Soviética. Sin embargo en 1925 logra emigrar a occidente, específicamente a Alemania, siendo en este país en donde da su 1° concierto fuera de su nación de origen.
Los primeros registros discográficos datan del año 1928, época que lo encuentra viviendo en París. A instancias del contratista artístico Arthur Judson se traslada a los Estados Unidos. Su debut se produjo el 12 de Enero de 1928 ejecutando el concierto N° 1 de Tchaikovski bajo la batuta de Sir Thomas Beecham. Según se cuenta, los dos primeros movimientos de dicho concierto fueron “manejados” por el director inglés de manera algo “abúlica” y Horowitz se dio cuenta que el público “se le escapaba de sus manos”. Por dicho motivo, al entrar al 3er. movimiento, (“allegro con fuocco”) decidió “caer con todos los honores” y arrancó con todo su potencial. Beecham y la orquesta apenas si lo podían seguir. Al final del concierto Horowitz comentó jocosamente “¡terminamos casi juntos!” Los comentarios especializados en los periódicos fueron muy elogiosos. Olin Downes destacó en el New York Times: “hace años que un pianista no ha desatado semejante furor en el público en esta ciudad”. En el año 1933 en ocasión de dar varios conciertos bajo la batuta de Arturo Toscanini es que conoce a su hija Wanda. En Diciembre de ese año contraen matrimonio en Milán. En ese entonces el régimen de vida de Horowitz era sumamente desgastante dado que vivía de concierto en concierto lo que lo llevó a serios problemas emocionales. Ello influyó para que se retirara del público durante varios años, hasta 1939.
En cierto modo Horowitz se sintió beneficiado con dicho retiro de los escenarios públicos. Al respecto manifestó en cierta ocasión: “...he llegado a interpretar ciertas obras con tal frecuencia que llegó un momento en que no he podido entenderlas (¿?), y los sonidos que salían del toque de mis dedos ya no llegaban a mis oídos. Creo que durante esas largas vacaciones he podido madurar como artista....en todo caso he estado conciente de haber descubierto las cosas de mejor manera. Ahora he tomado una ventaja que no la hubiera tenido si hubiera continuado trabajando sin descanso en la agotadora carrera que me veía obligaba a cumplir debido a los compromisos”. De todas maneras es necesario aclarar que Horowitz tomó varias veces períodos “sabáticos”, desconectándose de los conciertos.
¿Cómo era Horowitz desde el punto de vista pianístico?
Se podría adjetivar hasta con la expresión de fenomenal. Al sentarse frente al piano para un concierto el público se transformaba y pasaba por estados emocionales muy especiales. Muchos podrían observar que ocurría lo mismo en un concierto de Kempff, Backhaus y aún el mismo Rubinstein. Pero los cambios emocionales que producían los tres últimos apuntaban relativamente hacia una misma dirección y aún con las diferencias que existían entre Rubinstein con respecto a los otros dos alemanes. Esto se destaca debido a que el público se sumergía en un mundo de encanto, hasta de éxtasis emocional y aún religioso. Pero con Horowitz el asunto era diferente. En su caso los asistentes se sentían como sentados sobre un cable de alto voltaje y hasta producía en ellos la sensación y “atracción” de estar viendo una “película de suspenso” o “terror”, que tendría quizás la actuación de figuras tales como Bela Lugosi o Boris Karloff. Era una sensación de “susto”.
La ejecución de sus propios arreglos en obras como “The Stars and Stripes Forever” de John Philip Souza , las “Variaciones sobre un tema de Carmen” de Bizet o la “Marcha Nupcial” de Mendelson, han constituido verdaderos impactos a tal nivel, que el público prácticamente se enloquecía con él. Si bien Horowitz también mostraba aspectos interpretativos de verdadera profundidad, en general al público le interesaba ver más bien la “acrobacia” de su ejecución. En realidad estas obras, y muchas otras más no formaban la “parte central” de sus conciertos dado que eran reservadas únicamente para los “bises”. ¡Y el público estaba atento y a la espera de ello!
Es de hacer notar incluso que la posición de sus manos en el piano no era nada convencional. Las mismas estaban como achatadas sobre el teclado, con los dedos bastante estirados y sin la redondez que sugieren la mayoría de los pedagogos. La excepción era el dedo meñique el cual estaba siempre completamente flexionado o curvado. Sólo se estiraba cuando debía ser utilizado al tocar su correspondiente nota. Muchos se han preguntado en cómo era posible tocar de esa manera tan poco convencional. Pero Horowitz podía hacerlo y ejecutar cualquier cosa de esa forma. Hay que aclarar que este pianista, a diferencia de otros, “sólo” tocaba con las manos, con lo cual se quiere expresar que no existían movimientos adicionales de su cuerpo, apenas algunas en su rostro, pero nada más. El estado emocional de sus ejecuciones pasaba directamente desde su “interior” a los dedos, y ello era suficiente (bastante parecido a Benno Moiseiwitsch). Además de ello la preparación de Horowitz para el día del concierto es muy especial. En ese sentido tenía en muy alto valor el respeto que le debía al público ante el cual se presentaba. Ello se traslucía tanto en su higiene como también su apariencia personal en la sala de conciertos. No aprobaba en absoluto y en este aspecto, la informalidad de algunos de sus colegas. Por dicho motivo este pianista ucraniano – americano se presentaba con el clásico esmoquin (rigurosamente con pantalón gris a rallas) moñito, y camisa blanca.
Si bien en un principio Horowitz tuvo un gran repertorio (antes de salir de la Unión Soviética llegó a dar una seguidilla de 25 conciertos sin repetir dos veces una sola obra), con el paso del tiempo el mismo lo fue reduciendo, llegando a tener como “caballito de batalla” el Concierto N° 3 de Rachmaninov cuando lo hacía con orquesta. Pero también interpretaba las distintas obras de Mozart con gran calidad, elegancia y fineza. A partir de los años ochenta Horowitz tuvo algunos altibajos en sus conciertos, pero los mismos se debieron a problemas de salud por lo cual tuvo que actuar bajo los efectos de distintos medicamentos. En los últimos años de su vida se manifestó en él un gran sentido del humor, e incluso haciendo “blanco” contra su propia persona. Dio conciertos hasta prácticamente el fin de su vida. Vladimir Horowitz falleció en Nueva York el 5 de noviembre de 1989.
También podemos destacar, una serie de excentricidades que tenía a la hora de los conciertos, como por ejemplo:
 Aceptaba dar conciertos solamente a las 4 de la tarde.
Los mismos podían ser solamente en determinadas salas (por ejemplo no aceptaba presentarse en Denver – Colorado por razones de altura geográfica).
No tocaba en Europa dado que los vuelos eran demasiado largos (aunque luego sí lo hizo al final de su vida).
La sala de conciertos elegida debía de estar completamente libre el día anterior así él podía ir a practicar en la misma a la hora que tuviera ganas.
Era altamente exigente en la ubicación del piano en determinado lugar del escenario, en donde a él le parecía que se producía la mejor acústica (por ejemplo en el Carnegie Hall de Nueva York ya había un lugar específico en donde había un tornillo fijo, llamado “tornillo Horowitz”. En ese punto exacto era en donde había que ubicar invariablemente al instrumento).
La sala debía tener una dimensión determinada, como mínimo para 1800 personas, las cuales pagaban sus respectivas entradas mediante sumas elevadas.
Los hoteles en los cuales se alojaba con su esposa Wanda y demás personal, debía tener condiciones parecidas a la de su propia residencia en Nueva York.
Las comidas que se le servían en los hoteles debían ser preparadas exactamente igual como se hacía en su propia casa.
El día de sus conciertos las ventanas de su dormitorio debían “tapiarse” con papel de aluminio para que no entrara la luz y también tener el teléfono desconectado para que no lo molestaran: descansaba hasta el mediodía.
En el año 1978 actuó en el Carnegie Hall por el quincuagésimo aniversario de su debut en los Estados Unidos, pero aceptó solamente dicho compromiso si tocaba el 3° Concierto para piano y orquesta de Rachmaninov y únicamente bajo la batuta del húngaro Eugenio (Jenö) Ormandy.
Polonesa de Chopin 
Impromptum nº 3 de Schubbert
Concierto para piano y orquesta nº 3 de Rachmaninov

martes, 15 de marzo de 2011

Ervin Nyiregyházi

Fue un niño prodigio, de un talento ilimitado, que desapareció del panorama musical, con tan sólo veinte y pocos años, reapareciendo con ya 70 años, época en la que están grabadas la mayor parte de sus interpretaciones. Verdaderamente fue un personaje singular, con una vida cargada de anecdotas.
En este caso os recomiendo que escuchéis un monográfico que hizo RNE sobre él titulado "El pianista Oculto"
Peculiar versión de Mephisto vals de Liszt, curiosamente esta obra la incluyó en la banda sonora de una película de terror de los años 40 "The soul of a monster"