Siempre he creido que el conocimiento de la música nos hace ser mejores personas, por eso te agradecería que difundieras este blog entre tus amigos.Juntos conseguiremos que este mundo sea mejor y más humano.

Mostrando entradas con la etiqueta Fallecidos en 1991. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Fallecidos en 1991. Mostrar todas las entradas

jueves, 26 de diciembre de 2013

Rudolf Serkin


Pianista austriaco de origen judio, nació en Eger (República Checa) en el año 1903. En 1939 se hizo ciudadano norteamericano. Su padre, emigrante de Bielorrusia, fue cantante y tanto él como sus siete hermanos aprendieron a tocar algún instrumento. 
En cierta ocasión Rudolf Serkin expresó “ni me acuerdo cuando empecé a tocar el piano”. De inmediato se evidenció que fue un niño prodigio, con  gran talento musical, y de esta forma se le inscribió en el Conservatorio de Viena cuando apenas tenía 6 años, donde tuvo como maestro a a Richard Robert.
 Más tarde estudió composición con Joseph Marx y Arnold Schönberg.
Con tan sólo 12 años hace su debut nada menos que con la filarmónica de Viena tocando el Concierto para piano y orquesta de Félix Mendelssohn. 
En Viena conoce a Adolf Busch, 12 años mayor que él. Entre ellos se inició una amistad que durará toda la vida. El jovencito Rudolf se instala a vivir en la casa de la familia Busch. Pero en 1933 irrumpe el Nacionalsocialismo y recordemos que Serkin era judío, mientras que sus amigos no. A Busch se le prohibió tocar junto a Serkin por problemas raciales (de la misma forma que a Richard Strauss utilizar los libretos de Stefan Zweig). Hay que mencionar que el gobierno nacionalsocialista,  y teniendo en cuenta el prestigio que ya se estaba ganando Serkin, le ofrece un cargo oficial, pero con la condición que no diera conciertos en público. Pero este rechazó dicha proposición de plano; por esta causa y previendo además los horrores que luego se desencadenarían tanto en Alemania como en su país de origen, se une a su amigo con su familia y se refugian en Suiza. Hay que destacar que desde niño, Rudolf vivió en carne propia la discriminación dado que en el pequeño pueblo en donde se le vio nacer habían locales en las cuales sendos carteles lucían la siguiente inscripción: “prohibida la entrada de judíos, checos y perros”.

En esa misma fecha el joven Rudolf Serkin, ya con 20 años de edad, se presenta en los Estados Unidos bajo la batuta de un director sumamente exigente: Arturo Toscanini. Este le tomó mucho aprecio, tanto por su personalidad como también en el aspecto artístico; lo tuvo bajo su batuta entre 1934 y 1936. 
En 1935, Serkin se casa con Irene, la hija primogénita de su amigo. 
En 1939 queda a vivir definitivamente en Estados Unidos, adoptando también su nacionalidad. En ese mismo año comienza enseñar en el Curtis Institute de la ciudad de Filadelfia, para convertirse luego en su director hasta el año 1977. A principios de los años cincuenta, junto a su amigo y suegro fundan el Festival de Música de Malboro en Vermont.
Rudolf Serkin ha sido considerado como uno de los mejores pianistas del siglo XX. En un principio hizo lo que la mayoría de sus colegas, es decir, tocar prácticamente todo, tanto los clásicos como los románticos, pero a medida que fue pasando el tiempo se fue concentrando en aquellos compositores que más se avenían a su temperamento: Bach, Beethoven y Schubert. Teniendo en cuenta a Beethoven, con el paso de los años hizo de su Hammerklavier (sonata Nº 29) el centro de sus interpretaciones ante el público. El enfoque interpretativo de este  pianista, de técnica magnífica, era sincero, austero, pero de enorme expresividad, manteniendo su vigencia técnico – interpretativa hasta prácticamente cerca de su fallecimiento, el cual sucedió en Vermont (Estados Unidos) en el año 1991, cuando contaba con 88 años de edad. 
Concierto nº 5 para piano y orquesta de Beethoven
Concierto nº 21 en Do mayor para piano y orquesta de Mozart
Sonata nº 31 en La mayor de Beethoven
Concierto nº 4 para piano y orquesta de Beethoven
 Marcha en Sol mayor a 4 manos de Schubert, tocando con su hijo Peter Serkin

domingo, 12 de febrero de 2012

Claudio Arrau

Claudio Arrau nació en Chillán, Chile, el 7 de febrero de 1903, era hijo de don Carlos Arrau y de doña Lucrecia León. Su madre fue su primera maestra. Con sólo tres años y medio, Claudio tocaba pequeñas obras de Mozart y aprendía a leer música antes que a leer y escribir. A los cinco años ofreció su primer recital en el Teatro Municipal de su ciudad natal.
El pequeño Claudio asimilaba conocimientos musicales con una facilidad y rapidez extraordinarias. Su capacidad para leer música y comprenderla de inmediato, provocaba el asombro en los profesionales de la música. Su madre lo llevó en 1911 a Santiago, donde visitaron al Presidente de la República y a miembros del Congreso, ante los cuales Claudio exhibió sus admirables dotes. En 1910 le fue entregada una asignación económica del Gobierno de Chile para financiar sus estudios a Alemania.
En Alemania la pianista chilena Rosita Renard, puso a Arrau en contacto con el renombrado maestro Martin Krause, discípulo directo de Franz Liszt, quien, a su vez, fuera discípulo de Carl Czerny, alumno del propio Ludwig van Beethoven. Después de escucharlo el maestro Krause le dijo a doña Lucrecia: "Este niño será mi obra maestra". Mientras estudiaba en el Conservatorio Stern, bajo la dirección de Krause, Arrau, a los once años, estaba ya imbuido en los "Estudios de Ejecución Trascendental", de Liszt. En la estricta y reservada Academia germana, el jovencito provocó el mismo revuelo que en Chile, al demostrar su sensibilidad musical y su férrea voluntad para estudiar sin concederse descanso. Al poco tiempo fue llevado a diferentes ciudades europeas, en todas las cuales sus recitales y conciertos fueron aclamados con entusiasmo. En 1918, fallece M. Krause. Arrau le profesaba profundo afecto y reconocimiento no solamente por cuanto de él aprendió de la música y del instrumento, sino, además, por la cultura general que le transmitió paralelamente.
En 1920, a los 17 años, Arrau debutó con la Filarmónica de Berlín bajo la dirección de Karl Muck. En 1921, viaja a Chile y una multitud lo recibe. Cabe destacar que a los 22 años, Arrau vuelve al Conservatorio Stern, pero ahora como Profesor.
Foto de su niñez
Durante los años siguientes, gana un premio tras otro y en 1927 llega su consagración definitiva al obtener el Gran Premio Internacional de Piano, en Ginebra. En la década del 30, viaja por todo el mundo y ofrece conciertos bajo batutas tan célebres como las de B. Walter, E. Kleiber, y W. Furtwaengler. Cumple hazañas tales como tocar, en Berlín, toda la música de J.S. Bach para el teclado en doce sesiones; las Sonatas de Mozart en cinco recitales, Las Sonatas de Schubert y toda la producción pianística de Chopin. Haciendo gala de su prodigiosa memoria, ejecuta en Viena, en recitales sucesivos, los 48 Preludios y las 48 Fugas de "El Clavecín Bien Temperado" , de J.S. Bach.
En 1938, Claudio Arrau contrajo matrimonio con la mezzo-soprano Ruth Schneider, con la cual tuvo una hija, Carmen, y dos hijos: Mario y Christopher.
En 1941 Arrau se traslada a Estados Unidos. Por aquel entonces, el Maestro da un promedio de cien representaciones anuales.
En 1943, inaugura en Nueva York la "Academia Claudio Arrau" con su colaborador Rafael de Silva. Bajo su guía pasan también pianistas chilenos: Mario Miranda, Alfonso Montecinos, Edith Fischer, Galvarino Mendoza y Enna Bronstein.
Entre 1950 y 1980, Claudio Arrau es requerido por los Sellos Grabador es para grabar más de cuatrocientos discos. En el ínterin, efectúa giras por todos los continentes. Participa en el Festival de Mayo, en Praga, donde la cortina debe abrirse 28 veces porque la concurrencia no cesa de ovacionarlo.
Las alturas alcanzadas por Arrau en los terrenos de la música, son atribuibles no solamente a sus dotes naturales y al talento con el que llegó a este mundo, sino a su voluntad férrea, a su estoica disciplina, a su voracidad por el saber y a su amplísima y profunda cultura general y dedicación al estudio de la Historia y de las etapas y estilos en los que las vidas de los geniales maestros cuyas obras interpreta se desarrollaron. Arrau escudriña partituras en sus originales, examina los testimonios sobre las composiciones y analiza las referencias extramusicales.
Su manera de tocar el piano parte de un poder extraordinario de relajación muscular y de su poderosa capacidad de concentración. Arrau emplea todo el cuerpo y logra integrarlo al instrumento en una asociación que lo coloca en un plano superior al de la fatiga física. Es difícil encontrar, en toda la Historia del Arte, una carrera más extensa y rica en conquistas artísticas, así como también de reconocimientos consagratorios. Pero el prodigio de Claudio Arrau, por sobre todas las cosas, ha sido posible por su humildad inveterada e inalterable que lo mantuvo siempre alejado de cualquier forma de vanidad.
El repertorio de Arrau, muy vasto, abarcaba desde Bach hasta los autores contemporáneos, pasando por Mozart, Beethoven, Liszt, Schubert, Chopin o Debussy. Arrau no sólo fue uno de los más destacados pianistas del siglo XX, sino también uno de los últimos continuadores de una tradición interpretativa que hunde sus raíces en Franz Liszt: aquella que considera el virtuosismo técnico únicamente como un medio para servir a la música, y no como un fin en sí mismo.
Claudio Arrau León falleció en Mürzzuschlag, Austria, a los 88 años, el 9 de junio de 1991. Sus restos descansan en el Cementerio Municipal de Chillán la ciudad que lo vio nacer.
Concierto nº 5 para piano y orquesta "Emperador" de Beethoven
Concierto nº 4 para piano y orquesta de Beethoven
Sonata Waldstein de Beethoven

martes, 24 de enero de 2012

Wilhelm Kempff


Pianista y compositor nacido en Alemania, Jüterborg, el 25 de noviembre de 1895. Comenzó estudiar el piano a los 3 años de edad y fue muy influenciado por su padre, el cual era organista en una congregación religiosa de la iglesia reformada protestante. En cierta ocasión, tocando delante del pequeño Wilhelm una obra le Beethoven le preguntó: “¿sabes hijo quien ha compuesto esto?, a lo cual este último le contestó: "ha sido el buen Dios".
Los progresos de Wilhelm Kempff fueron de tal magnitud, que a los nueve años tocó delante de Georges Schumann, director de la Academia de Canto de Berlín. Este quedó asombrado por la enorme capacidad de improvisación que tenía el pequeño Wilhelm. De inmediato fue admitido en la Hohschule de esa ciudad convirtiéndose en alumno de Heinrich Barth, el cual lo había sido de Hans von Bülow y Carl Tausig. Incluso en sus comienzos, y como en cierto modo era la moda de la época, el joven Wilhelm se presentaba frente al público a los solos efectos de tocar improvisaciones, las cuales se hacían mediante temas propuestos por los asistentes a la salas de conciertos; indudablemente que se trataba de un verdadero prodigio. Todos aquellos que hemos escuchado en vivo a este gran pianista alemán, nos hemos sentido más bien en un “templo” que en una sala de conciertos. Kempff sabía transmitir un sentido muy profundo, hasta “religioso” a cada una de las obras que interpretaba.
Durante su ejecución, Kempff “desaparecía”, “no existía”. El nivel de lo que este pianista extraía de sus interpretaciones repercutía en que en ese momento solamente existían Beethoven, Brahms o Schubert. Para este artista, aparentemente no era tan importante él mismo como tampoco el público asistente a sus conciertos, sino más bien los compositores que interpretaba: ellos eran los sobresalientes. Sin embargo, y en forma paradójica, la calidad de las obras y el elevado sentido musical que proyectaba constituían probablemente el nexo más fuerte que un intérprete podía llegar a tener con el público. Mozart, Beethoven, Schumann y Brahms afinaban nuestra sensibilidad al escucharlo.
Kempff realizó magistrales conciertos interpretando a Beethoven, del cual grabó más de una vez las 32 sonatas y los 5 conciertos para piano y orquesta. Si bien la personalidad y el elevado dominio técnico de este pianista contribuyó a la excelencia de sus interpretaciones, a ello hay que agregarle también su sólida formación cultural y humanística, puesto que tuvo títulos universitarios en filosofía e historia de la música.
Kempff, al igual que Artur Schnabel, fue considerado un gran beethoveniano, pero su alumna Idil Biret manifestó en cierta ocasión con respecto de su maestro que “...Chopin era un compositor que Kempff adoraba”  y que en cierta ocasión llegó a escucharle interpretar la “Barcarola” de Faure en un nivel que era “superior”.  Fue además un excelente ejecutante en cuanto a música de cámara se refiere. Llegó acompañar a la famosa cantante alemana Lotte Lehmann, como también formar dúos y tríos con Kulenkampff,  Schneiderhan, Fournier, Szeryng, Rostropovich, Ferras y también Yehudi Menuhin, con el cual estuvo asociado en 1970 en ocasión del bicentenario del nacimiento de Beethoven. Con este insigne violinista grabó las 10 sonatas para violín y piano (anteriormente lo había hecho con Schneiderhan).
Wilhelm Kempff también se dedicó a la composición. Dejó varias sinfonías, un concierto para piano y orquesta y también otra para violín, un preludio orquestal en recuerdo de la Batalla de Arminus, con texto de Kleist, una cantata dramática “Destino de Alemania” etc.
En la actualidad existen grandes posibilidades de escuchar a Kempff debido a la gran cantidad de grabaciones que nos dejó. De todas maneras, en otros aspectos masivos de comunicación, como ser los vídeos, DVD y las publicaciones musicales – pianísticas, en forma inexplicable se habla muy poco de él, otorgándose mayor mención a otros pianistas que quizás no han estado a su nivel. El tiempo va tener que corregir esta injusticia.
 Falleció el 23 de Mayo de 1991 en Positano, Italia.
Sonata Claro de Luna de Beethoven, movimiento 1
Sonata Claro de Luna de Beethoven, movimiento 2
Sonata Claro de Luna de Beethoven, movimiento 3